¿Qué valores se asocian al trabajo en red?

Últimamente me llegan espasmos de todos lados en lo relativo al trabajo en red y al colaborar. Por un lado, instituciones públicas que quieren aprender a trabajar en red  o empresas que se han visto abocadas a convertirse en una “organización en red” para poder afrontar la crisis.

En el primer caso, ven en la red como la herramienta para poder optimizar recursos, ser más eficientes en su trabajo y ofrecer al final un mejor servicio al ciudadano, que al final es de lo que se trata. Pero claro, teniendo en cuenta la forma en la que se diseñan las estrategias y herramientas en la administración públicas, es decir, “desde arriba”, ¿hasta qué punto pueden crear una red que en la práctica funcione?

Por otro lado, muchas empresas actualmente se están viendo abocadas a tomar decisiones para repensar su modelo de negocio hacia algo más ligero y distribuido. Estas empresas se han forjado en tiempos donde se podían tener grandes instalaciones, una gran plantilla, y en definitiva, unos costes fijos importantes donde además, las personas tienen el chip de “asalariado“. Estas empresas ahora se ven obligadas a prescindir de muchos de estos costes fijos y tratar de funcionar con la mínima estructura posible. Y sobretodo, se dan cuenta de que cada persona debe ser un elemento tan activo como otro en la red.

Además, me sorprende que, sin saber si todos hablamos de lo mismo, los primeros parecen tener una visión muy positiva del trabajo en red, pero los segundos suelen verlo como un auténtico fracaso y como algo que se han visto obligados a hacer por el entorno.

El trabajo en red, tal y como yo lo entiendo, ofrece un potencial de aprendizaje muy fuerte pero también altas dosis de incertidumbre y tendencia al caos. Además, es necesaria una gran dosis de confianza entre los miembros. Por ello creo que es necesario conversar sobre qué valores deben asociarse al trabajo en red.

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La confianza como clave en las Relaciones Públicas

Las Relaciones Públicas, mi disciplina madre, son una materia muchas veces confundida con ideas como “repartir flyers”, “hacer fiestas” o cosas incluso peores… También a veces se suelen confundir las Relaciones Públicas con la Diplomacia, aludiendo la primera a las relaciones de una organización con los públicos, y la segunda, al modo cortés, correcto, en que esas relaciones tienen lugar. Sí es cierto que en las Relaciones Gubernamentales, las relaciones diplomáticas se organizan según los intereses de los estados. La RAE también recoge esta matización en el concepto de Diplomacia. Lo que es evidente es que la clave para establecer estas relaciones diplomáticas o no, es la confianza.

Ayer leía un artículo que hablaba de que la confianza es fundamental en cualquier relación, empresa-sector público, gobierno-ciudadano, ONG-empresa, y la confianza es difícil de conseguir sobretodo entre organizaciones. Como decía Leda Stott en el artículo en la definición del término queda claro que la confianza es algo que se “gana”, se “merece” o se “desarrolla” con el tiempo y que es mucho más fácil de alcanzar entre individuos que entre organizaciones.

Y como paso previo a la confianza, se debe dar el respeto mutuo y para ello, el conocimiento entre esas dos personas. Esto parece evidente pero conviene que las organizaciones lo tengan muy presente en sus relaciones cotidianas. Y si no, repasemos por qué confiamos más en una organizaciones que en otras.

Como otra de mis convicciones de este 2013 es tratar de ver cada problema como un reto, y cada reto como un potencial servicio, veo claramente la necesidad de asesoramiento a las empresas para que aprendan a gestionar sus potenciales redes y vínculos con estos actores. Sobretodo, en este contexto de cambio y complejidad donde las relaciones convencionales de proveedores y clientes no son suficientes y donde se hace necesario tener visión 360º y filosofía glocal a la hora de decidir con quién queremos realacionarnos y para qué.